Para Josef Sammer no hay nada mejor que conducir un Arocs

Reportaje

Una vida dedicada al camión.

Josef Sammer no puede imaginarse nada mejor que trabajar con su Arocs. Hemos acompañado a los entusiastas de Salzkammergut.


De hecho, Josef Sammer no quiere hacer otra cosa que no sea conducir un camión. «Ya de pequeño era mi sueño», comenta. «Otros niños querían ser pilotos, policías o bomberos, mientras que yo solo pensaba en subirme a un camión y ponerme en marcha». Apenas cumplió la mayoría de edad, hizo realidad su sueño junto con un amigo que poco después, con tan solo 21 años, falleció de un tumor cerebral. Pero nunca se ha arrepentido de su decisión. «¿Arrepentirme? ¿De qué?», pregunta con la simpática melodía de su dialecto natal. «He convertido mi afición en profesión, y si encima puedo trabajar al volante de un vehículo como este, mi felicidad es completa».



Josef habla de su recién estrenado Arocs 1851, con el que transporta grava, gravilla y otros áridos para la empresa de transporte y movimiento de tierras Windhager. «Estoy siempre de arriba abajo y me organizo a mi manera, entro en contacto con mucha gente y en el asiento del conductor me siento como un rey. No hay nada mejor que conducir un camión», asegura. Este austriaco nos cuenta más detalles con entusiasmo, nos explica su pasión, que es auténtica vocación. Nos cuenta que está encantado con su vehículo y su empresa, en la que «todo es perfecto». «Tanto en lo personal como en lo profesional, ¡todo genial!»

Su jefe, Ferdinand Windhager, segunda generación al frente de esta empresa familiar fundada en los años 50, tampoco tiene motivos de queja. En una empresa como la suya —14 camiones y 12 máquinas de construcción—, la plantilla es decisiva para el éxito. «Y los trabajadores como 'Sepp' son ideales. Motivado, fiable, amable y competente en el trato con los clientes. Además cuida del vehículo como si fuera suyo. Como gerente no puedo pedir más a un empleado».



Y ciertamente, Josef Sammer se ocupa intensamente del estado de su Arocs. Se toma cualquier arañazo como algo personal y mantiene la cabina escrupulosamente limpia. Todo en su sitio: en un compartimento de la consola central tiene el cable de carga, las llaves, las gafas de sol y los albaranes; en la nevera, uvas, refresco de cola, pimientos macerados y, «por si acaso», huevos duros. ¡Prohibido subirse con calzado de trabajo o de calle! «Casi paso casi más tiempo en el Arocs que en mi casa», explica Josef. «Por eso me gusta que esté limpio y ordenado».

Y cómodo. La mayoría de sus destinos están solo a una distancia de entre 30 y 50 kilómetros de la central, situada en la localidad de Wirling , entre St. Wolfgang y Bad Ischl. No obstante, Josef utiliza la cama de la cabina con regularidad. «Es todo un lujo. Si tengo que esperarme en algún sitio o hacer una pausa, echo una cabezada y luego estoy en forma para volver al trabajo con energías renovadas».

Como ahora. Josef Sammer tiene que cargar el camión de grava en la cantera de la empresa, en el valle de Weißenbach, y llevarla acto seguido a un cliente de Redlham.


Para la empresa de transporte y movimiento de tierras Windhager, el Arocs con Hydraulic Auxiliary Drive es imprescindible para poder acceder a determinados lugares.

«Auténtica grava de Weißenbach», como explica Ferdinand Windhager. «Es de muy alta calidad y se utiliza sobre todo para la construcción de carreteras». El Arocs de Josef levanta una nube de polvo en su camino a la cantera de grava. El conductor detiene el vehículo, se acerca a buen paso a la cargadora sobre ruedas situada a unos metros de distancia y al poco ya ha llenado el semirremolque con 24 toneladas de grava. «Sepp nunca va a medio gas», añade Ferdinand Windhager, que observa a su empleado desde el margen de la cantera. «Siempre está en acción».

Así es, también, como demuestra el funcionamiento del Hydraulic Auxiliary Drive, uno de los principales puntos fuertes de esta tractora de dos ejes. Con solo pulsar un botón, Josef conecta un accionamiento hidráulico adicional para las ruedas delanteras y, gracias a la tracción extra, el ascenso desde el fondo del yacimiento es un juego de niños. «Con esta función me resulta facilísimo salir de aquí», explica. «Sin Hydraulic Auxiliary Drive más vale no detener el camión durante el ascenso».


Josef Sammer siente pura pasión por su trabajo, especialmente con su Arocs 1851.

Ferdinand Windhager también está convencido de esta tecnología: «Tengo las mismas ventajas que con tracción integral, pero me ahorro el peso y disfruto del menor consumo de combustible». El empresario enumera otra de las grandes ventajas, y es que el Hydraulic Auxiliary Drive le ha permitido llegar a determinadas obras, como recientemente en Mondsee. «Era una carretera con pendiente recién cubierta de gravilla, con otra tractora no habríamos podido recorrerla».

Josef Sammer asiente y vuelve a deshacerse en elogios sobre el comportamiento de marcha de su camión, que define como «excepcional». Pero también sobre el bloqueo de arranque «bien resuelto» y sobre el retardador. «Impresionante», dice. «Ya casi no necesito los frenos para parar, debería ser obligatorio en todos los camiones».

Además de su pasión por los camiones, Josef Sammer también tiene afición por la música: toca la tuba en la banda municipal de St. Wolfgang. Pero según él, esto es solo es un hobby. «Por contra, el camión es mi vida, y no puedo imaginarme nada mejor.»


«Estoy siempre de arriba abajo y me organizo a mi manera». Josef Sammer, conductor de la empresa Windhager

Fotografías: Bubu Dujmic

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